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13 enero 2012 5 13 /01 /enero /2012 12:59

La ingesta de bebidas alcohólicas provoca lasecreción de endorfinas en determinadas zonas del cerebro, lo que desencadena las emociones positivas que se experimentan en el estado de embriaguez y podría conducir a la adicción. Un estudio de la Universidad de California ha observado por primera vez en humanos este fenómeno, sobre el que se lleva especulando más de treinta años.

 
 
Las endorfinas, que se producen de forma en el cerebro y tienen efectos opiáceos, se han observado, tras el consumo de alcohol, en dos áreas cerebrales llamadas núcleo accumbens y corteza orbitofrontal. Además, los investigadores han identificado el tipo de receptor opioide que actúa con las endorfinas: es elreceptor Mu

“Nuestro estudio aporta las primeras pruebas directas de cómo el alcohol hace que la gente se sienta bien”, explica Jennifer Mitchell, autora principal del estudio e investigadora de la Universidad de California de San Francisco (UCSF), en declaraciones a la agencia SINC. La localización precisa de estas áreas en el cerebro permitirá, según los autores, mejorar los métodos y medicaciones para tratar los problemas con la adicción al alcohol.

Para llevar a cabo el estudio, los científicos analizaron las respuestas cerebrales de 13 individuos con un alto consumo de alcohol, y de otros 12 sujetos de control, que no bebían de manera habitual, con latécnica de tomografía por emisión de positrones (PET, por sus siglas en inglés). De este modo observaron que, en todos los casos, la ingesta de alcohol produjo una liberación de endorfinas. Además, los participantes reportaron mayores sensaciones de placer al liberarse más endorfinas en el núcleo accumbens. Sin embargo, el aumento de endorfinas en la corteza orbitofrontal solo incrementó los sentimientos positivos en los bebedores habituales. “Esto indica que el cerebro de los alcohólicos está modificado, de manera que encuentran más placentero el consumo de alcohol”, explica Mitchell. “Este sentimiento de gratificación puede ser el que les haga beber tanto”, opina la autora. Los resultados abren posibles vías para mejorar la eficacia de las medicinas habituales contra el alcoholismo, como la naltrexona.

“Cuanto mejor entendamos cómo las endorfinas controlan el consumo de alcohol, tendremos mejores oportunidades de crear terapias más acertadas para la adicción a la sustancia”, concluye Howard L. Fields, coautor del trabajo e investigador también de la UCSF.

 

Un buen remedio para proteger el estomago si bebes.

¿Alguna vez has sumergido una fresa en una copa de champán? Un nuevo estudio realizado por un equipo de investigadores italianos, serbios y españoles revela que las fresas tienen un indiscutible efecto protector en estómagos dañados por el alcohol

 

fresa-alcohol

 

Para llegar a esa conclusión, los científicos suministraron etanol (alcohol etílico) a ratas de laboratorio y comprobaron que la mucosa gástrica de aquellas que previamente habían comido extracto de fresa durante 10 días sufría menos lesiones, según publican en la revista Plos One. “Los efectos positivos de las fresas se asocian tanto a su capacidad antioxidante y alto contenido en compuestos fenólicos (antocianos), como a que activan las propias enzimas o defensas antioxidantes del organismo”, explica a la agencia de noticias SINC Sara Tulipani, investigadora de la Universidad de Barcelona (UB) y coautora del trabajo.

La gastritis o inflamación de la mucosa del estómago, además de relacionarse con el consumo de alcohol, también se puede producir por infecciones víricas o por la acción de fármacos anti-inflamatorios no esteroideos (como la aspirina) o los que se usan en el tratamiento contra la bacteria Helicobacter pylori. Las conclusiones de estudio apuntan a que una dieta rica en fresas puede ejercer un efecto beneficioso en la prevención de enfermedades gástricas relacionadas con la generación de radicales libres u otras especies reactivas del oxígeno, atenuar la formación de úlceras estomacales en humanos, y aliviar la lesión en la mucosa gástrica una vez dañada. 

“Este trabajo no se ha planteado para paliar los efectos de una borrachera, sino para encontrar moléculas protectoras de la mucosa gástrica frente a los daños que pueden causar diferentes agentes”, subraya Maurizio Battino, coordinador del grupo de investigación desde la Universidad Politécnica de la Marche (Italia).

 

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